Di pelotazo y pagé consecuencias [Sisco] Parte 3/3 Junio 15, 2007
Posted by quho in Arrepentimiento, Coraje, Cómica, Supervivencia.trackback
Nota:
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Recordando parte 2:
Justo en el puente que cruzaba un barranco cercano, que hacía de puerta para la ciudad, se hallaban cinco hombres. Maleantes, sin oficio ni condición, víctimas de la ausencia del espíritu. Al ver al viejo…
Al ver al viejo, una sonrisa se dibujó en sus rostros, se metieron con él y le pidieron que les diera todo lo que llevara. Sin soltar palabra, el anciano les dió un saco, donde transportaba los útiles del trabajo, algo de comida, vino, y algunas monedas, aunque se quedó con una manta.
Pero los jóvenes bandidos no tuvieron suficiente y quisieron darle una paliza, para disfrutar un poco de la violencia gratuita. El monje shaolín, se cubrió con su manta y dejó, como una alfombra apaleada, que su cuerpo absorviera toda aquella cantidad de golpes.
No podían imaginar los ladrones que al poco tiempo se pondrían enfermos y morirían uno tras otro. Mientras que el anciano seguía con su vida cotidiana, como si nada hueviese o huviera ocurrido. La técnica de la Palma de Hierro. El que entra en contacto con esta sustancia, recibe una cantidad chi, mezclado con óxido de hierro, fruto de un exaustivo entrenamiento que se consigue golpeando virutas de hierro mezclado un ungüento que incluye ciertas hierbas medicinales autoprotectoras, muere por el enverenamiento de su sangre, víctima de su propia violencia, la cual retorna multiplicada.
Así que me cubrí con mis brazos y piernas, encogido y dejé pasar el tiempo, escasos segundos, hasta que mis amigos llegaron al lugar, y aquellos individuos salieron corriendo. Por suerte no me rompieron nada, sólo unos moratones en los ojos, y todo el cuerpo un poco dolorido. Claro – pensé – no llevo la manta.
Mucho se discutió, hablo, criticó y dijo de este suceso. En primera instancia, se quería venganza immediata, pero era la hora de entrar en el cuartel y no nos podiamos entretener, así que regresamos.
El compañerismo afloró y se murmureaba por todos lados, corriéndose la voz de que unos fachas habian apaleado a un recluta. ¡Uy! con lo quemada que estaba la gente… Yo, con total sinceridad, lo que quería es que aquello se olvidara. Pero me sentía observado, se giraban al pasar, y se susurraban al oido: mirar, ese, ese, es el que le dieron la paliza.
De mi cuartel, pasó al vecino, y de ése al otro y al otro. Al poco tiempo todos los militares, bueno, sin exagerar, sólo los más cañeros, buscaban a una pandilla de skins para “pedirles la pelota”. Pasó el tiempo, me quedaban escasos días para irme del lugar, y no volver jamás. Así que ya no pensaba en eso. Pero una tarde, estando de guardia en la garita principal, en la puerta del cuartel, me lo contaron. Anoche los cogieron. Les han dado lo que se merecian.
Sí, así fue. Creo que al final se hizo justicia, se equilibraron las fuerzas, la ley del péndulo. Se produjo un extraño paralelismo entre el ejemplo del shaolín y mi propia experiencia.
Moraleja:
No se puede andar chutando una pelota de plástico medio hinchada por la calle, ya que puede tener consecuencias imprevisibles.
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